Lunes lluvioso, la mañana está fría y pesada, como mi alma. Es este sentimiento encallado de insatisfacción y esta manía de pensar en la suerte ajena y en la ausencia de la propia. A veces el mundo parece estar en contra tuya y aunque te has repetido mil veces que hay que estar feliz con lo que se tiene y valorar a los que están a tu alrededor y tener esperanza e ilusión por las pequeñas alegrías de la vida, y eso de "no hay camino para la felicidad, la felicidad es el camino" y blablabla...llega un momento en que las frases hechas no sirven y necesitas algún empujoncito de la vida, y no seguir tirando de ella como una carga.
Cuando llegan estas fechas (tan entrañables...) y no puedes organizar muchas cosas, porque falta el trabajo y los recursos, e intentas racionar todo menos la ilusión, pensando en amigos cercanos, familia y pareja y cerrando el cerco a lo demás, a lo accesiorio y de repente y por sorpresa todo se viene abajo, primero aparece un virus que me encierra en casa y me deprime, después la familia, que si yo pensaba que los problemas se acabaron en la adolescencia, no era más que una ilusa. Parece como si el pasado volviera para recordarme sentimientos como la decepción, el resentimiento y ese dolor tan profundo que solo pueden causarte los seres más queridos y cercanos. Y por último tu, y tu técnica de apisonadora, primero me ilusionas, me mimas, me prometes lo que no puedes, para después aplastarme como si fuera un insecto que te molesta.
Y así me torturo día tras días, esperando cosas de los demás, cosas que nunca llegan y me entristecen cada vez más, creyendo que todo cambiará a mejor, engañándome y esforzándome por cambiar yo, por dar pasos yo, con la ilusión de que sean visibles, positivos y fructiferos. Así voy caminando día tras día has que llega un día como hoy y me enfado con el mundo ¡y quiero exigir lo que es mío! Hoy quiero que la vida me devuelva alguna de las millones de las sonrisas que le brindo todos los días, hoy exijo mi parte de suerte y obtener frutos de mis esfuerzos, que todo deje de ser tan difícil para mi. Hoy está el cielo nublado, mañana espero que salga el sol.
Cuando llegan estas fechas (tan entrañables...) y no puedes organizar muchas cosas, porque falta el trabajo y los recursos, e intentas racionar todo menos la ilusión, pensando en amigos cercanos, familia y pareja y cerrando el cerco a lo demás, a lo accesiorio y de repente y por sorpresa todo se viene abajo, primero aparece un virus que me encierra en casa y me deprime, después la familia, que si yo pensaba que los problemas se acabaron en la adolescencia, no era más que una ilusa. Parece como si el pasado volviera para recordarme sentimientos como la decepción, el resentimiento y ese dolor tan profundo que solo pueden causarte los seres más queridos y cercanos. Y por último tu, y tu técnica de apisonadora, primero me ilusionas, me mimas, me prometes lo que no puedes, para después aplastarme como si fuera un insecto que te molesta.
Y así me torturo día tras días, esperando cosas de los demás, cosas que nunca llegan y me entristecen cada vez más, creyendo que todo cambiará a mejor, engañándome y esforzándome por cambiar yo, por dar pasos yo, con la ilusión de que sean visibles, positivos y fructiferos. Así voy caminando día tras día has que llega un día como hoy y me enfado con el mundo ¡y quiero exigir lo que es mío! Hoy quiero que la vida me devuelva alguna de las millones de las sonrisas que le brindo todos los días, hoy exijo mi parte de suerte y obtener frutos de mis esfuerzos, que todo deje de ser tan difícil para mi. Hoy está el cielo nublado, mañana espero que salga el sol.

3 comentarios:
Creo que nada sucede por acciedente y que los cambios se producen porque nosotros los provocamos. Nos han enseñado demasiado bien a ser los sujetos pasivos de nuestra propia historia y ésto nos hace infelices. El maná no cae del cielo y eres tú quien debe conseguirlo. Sé tú quien provoque el cambio que esperas, sé tú quien decida ser feliz... y los demás, si te quieren, se alegrarán por ti.
Besitos.
Creo que nada sucede por acciedente y que los cambios se producen porque nosotros los provocamos. Nos han enseñado demasiado bien a ser los sujetos pasivos de nuestra propia historia y ésto nos hace infelices. El maná no cae del cielo y eres tú quien debe conseguirlo. Sé tú quien provoque el cambio que esperas, sé tú quien decida ser feliz... y los demás, si te quieren, se alegrarán por ti.
Besitos.
Soy consciente Gemma, me lo repito a menudo, solo que se me da genial la autocompasión.
Un beso.
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